lunes, agosto 03, 2026

viernes, julio 31, 2026

Deja de compararte

Video: ¡Deja de comprarte!

¡Deja de compararte!, me dice un amigo. ¿Cómo? ¡Sin referente con el que evaluar estamos ciegos! ¿Cómo vamos a saber si somos altos o bajos sin otro tipo al lado? Tenemos el dato, la estatura, pero no el adjetivo, alto o bajo. El importe de la nómina es una información sólida, pero si fuera el único sueldo del mundo no sabríamos si es un pastizal o una miseria. Los adjetivos empiezan a difuminarse cuando a la semántica le prohíben usar oraciones 
comparativas. ¡Qué verde era mi valle! Habría que verlo, lo mismo era un secarral comparado con una selva amazónica. Como niños tuertos caminaríamos por un mundo sin los dos grandes dictadores de nuestra existencia: la media, también conocida como “lo normal”, y lo admirable. Todo lo que se sale de la media se mira con recelo a menos que sea admirable. Lo normal es el salvavidas de referencia para juzgar y quedarnos tranquilos. Ser como todos te permite ser una pieza bien encajada en el puzle. Curiosamente, la definición de lo normal cambia, así que una misma pieza puede ser normal o anormal según donde caiga, en el espacio o en el tiempo. Un blanco en Europa, normal, en Senegal, anormal. Una mujer votando en el siglo XXI, normal, en el siglo XIX, anormal. La totémica normalidad no es de fiar. Está grabada en arena pero pesa como si lo estuviera en piedra. La anormalidad solo se salva si es admirable, si está de moda, si es atractiva, escasa y aspiracional. O sea que la anormalidad tiene que saber venderse para colársela a la dictadora norma, y los ricos y poderosos son los que mejor la manipulan. Porque los no ricos viven deseando serlo o aparentarlo. ¡Y nos la cuelan! Ahí están los pijamas de calle de los cantantes urbanos. Si pudiéramos liberarnos de la comparación externa, solo nos quedaría compararnos con nosotros mismos, con cómo estábamos, nos veíamos, o nos sentíamos antes respecto a ahora. Tu trabajo actual será bueno si es mejor que el anterior o tesentirás tranquilo si has conseguido superar una etapa de ansiedad. Seríamos nuestra medida, nuestro metro, nuestro kilogramo. Mola, ¿eh? Nos convertiríamos en la principal medida de bienestar y es, precisamente, de la que nos solemos olvidar. No sé… creo que esta columna no me ha quedado TAN BIEN como otras.


sábado, julio 25, 2026

¡Que se vayan los turistas!

Video: Que se vayan los turistas!

¡Que se vayan los turistas! Esos grupos que se arrastran detrás de un guía con paraguas en alto taponando las calles por las que paseamos tranquilamente el resto del año. Esas colas en todas partes que te hacen sentir como un fan de Rosalía acampado eternamente a las puertas de un estadio. Esos locales tradicionales que se han visto arrollados por el capital que los transforma en parques temáticos para turistas. Ya no son lo que eran sino lo que los turistas esperan que sean. La expectativa modifica la realidad. Aparcamientos siempre llenos, consumiciones por las nubes y hoteles a precio de oro. Tu tía Puri ya no viene a pasar unos días a la pensión de toda la vida porque se tendría que dejar su propia pensión en poder pagarla. Camas de siempre, ahora, para bolsillos más llenos. Turistas que sin saberlo arrinconan al local con su tsunami modificador que los condena a buscar refugio en los lugares cada vez más escasos que aún sobreviven a sus tentáculos. Esos que desaparecerán el día que una guía turística los mencione como “rincones secretos auténticos”, y que serán modificados con la mirada ajena, pura mecánica cuántica. ¡Váyanse ya, hombre! Necesitamos un descanso de todos ustedes. Necesitamos vacaciones lejos de aquí. Necesitamos ser turistas en tierra extraña. Estamos deseando hacer colas, comer los platos típicos y encontrar rincones secretos… en otra ciudad diferente a la nuestra. ¡Anda! Nosotros aquí, somos ellos allí. ¡Pero no es lo mismo! Sí, es lo mismo. El sistema alimenta nuestro deseo de experiencias como sinónimo de “estar aprovechando la vida”, y turistear se encuentra en el top instagrameable. Creado el anhelo de explorador pret-a-porter, arranca el motor del dinero para explotar nuestro deseo implantado. Hacer negocio del visitante interesa a servicios y alojamientos, así como a instituciones que ven aumentar sus ingresos con tasas e impuestos a emprendedores y consumidores. Cuantos más mejor, así la rueda gira más y más rápido haciendo más eficaz la entrada de dinero. Publicidad y boca a boca construyen las modas, los destinos “a los que hay que ir”, adaptando las ciudades al modelo de negocio. Todos interpretamos nuestro papel dentro del teatrillo del turismo. Somos la plaga que arrasa por donde pasa y luego se queja de que no queda hierba fresca donde alimentarse. ¿Y cómo se para esto? El sistema solo se aparta cuando baja la rentabilidad. Y, de momento, somos rentables. Os dejo, que tengo que pillar un vuelo.

sábado, julio 18, 2026

Para algo se inventó el no

El falso sí es el octavo pecado capital.

Comprar para ahorrar

Video: Comprar para ahorrar

Comprar para ahorrar. Rastrear tiendas, páginas web y aplicaciones de segunda mano para encontrar los mejores chollos y comprarlos. ¡Mira qué barato está! Si algo está a un precio escandalosamente menor del habitual es de idiotas no comprarlo. Un precio bajo está gritando: cómprame y habrás sido un mejor cazador que todos los demás que no han llegado a tiempo. Si la garrafa de cinco litros de aceite está dos euros más barato que en tu supermercado de confianza, no seas tonto, compra diez y pavimenta el suelo de tu casa con garrafas que simbolizan el ahorro. Tienen fecha de consumo preferente, no de caducidad. Perderán cualidades organolépticas, pero servirán para freír igualmente. ¡Qué maravilla tener despensas llenas de suavizantes de hace dos años y turrones de las pasadas navidades! Ya no se cuelgan cabezas de jabalí ni de ciervo en las paredes, sino zapatillas deportivas con mil combinaciones de colores en las estanterías. Cada una de ellas te recuerda el safari ahorrador en el que invertiste unas horas de tu vida. Olvídate de tener que decidir qué quieres o qué necesitas y déjate guiar por los precios, ellos son el faro guía de todo buen ahorrador que cuanto más gasta, más ahorra. Viajar donde el vuelo más barato te lleve, comer en el restaurante con el menú de precio más bajo, y lucir el vestido del color que quedaba en la sección de saldos. El precio más bajo como Dios de la cruzada del ahorro. Y morir con la casa llena de cosas que jamás tuviste tiempo de comer, vestir o enchufar. Ese es el gran éxito del ahorrador que gastó todo lo que pudo. Jamás se preguntó si necesitaba lo que compraba, ¡por supuesto que lo necesitaba! El subidón de saber que había localizado la anomalía del sistema, la oportunidad de oro de hacerse con algo que valía más que lo que estaba pagando, era más que suficiente. Y contarlo, lucirlo, delante de los perdedores que habían pagado más. Ellos eran los gastadores, los despilfarradores. No él, el gran ahorrador rodeado de camisetas que ya no le entran, cds vírgenes que ya no graba y cajas de té recolectado en la India varias décadas atrás. Gastar para ahorrar, claro que sí. El sistema nos hace sentir triunfadores incluso cuando perdemos.

miércoles, julio 15, 2026

Una muerte de ficción conmueve más que una real

Video: Una muerte de ficción conmueve más que una real

Una muerte de ficción conmueve más que una real. Un amante que fallece después de mil tribulaciones persiguiendo su amor. Un inmigrante que se ahoga en las aguas del Mediterráneo tras años luchando por llegar al barco que será su tumba. Si tiene un buen director detrás, la historia nos emociona hasta agotar la provisión familiar de pañuelos. Si es un titular de prensa lo barremos con el dedo buscando algo que nos llame más la atención. Una indemnización por resbalar con unos puerros o un cuadro valioso olvidado en un portal. ¡Flipante! Y es que necesitamos que se haya construido una historia alrededor del drama para conectar con ella. Si la muerte es anónima el impacto solo viene por dos motivos… una elevada cifra de muertos que los compacta en un gran evento, que paradójicamente anula a los individuos, o que su final haya llegado de una manera inusual, vistosa. ¡Se cayó haciéndose un selfie en un acantilado! La noticia está en el cómo no en el quién. El clickbait nos alcanza antes por lo llamativo de la forma que por lo humano de la pérdida. ¿Por qué reaccionamos así? Por el mecanismo de la empatía. Se despierta cuanto mayor es la identificación con el protagonista. Conocer detalles de quién es, o era, dibuja una identidad a la que poder atribuir sentimientos y emociones, una familia que lo llora y una vida truncada. Por eso todo buen periodista busca un rostro concreto para contar una historia más amplia, para tener un rompehielos que abra nuestra atención y corazón sobre lo que quiere contar. Exactamente como hacen las películas, incluso las de sesión de tarde. Mostrar humanidad, aunque sea ficticia. ¡Somos unos desalmados blindados ante el drama real! Cuidado, vivir a pecho descubierto, sintiendo por todo y por todos, nos condenaría a ser un crisol de dolor desbordado por la impotencia de ser incapaces de impedirlo. Filtrar emociones es tan natural como filtrar sonidos, ignorar el ruido de fondo nos permite escuchar lo que nos interesa. Oírlo todo nos condenaría a vivir aislados en una habitación insonorizada. Ahora bien, implantarse los tapones más gruesos del mercado impide escuchar música y las risas del otro. No te dejan conectar. Conseguir la permeabilidad justa para sentir sin abrumarse a cada paso, ni ignorar a quien se cae a nuestro lado, ahí está el reto. Si el cine ha sabido hacerlo, toca ser directores de nuestras propias películas basadas en hechos reales. Hay una en cada persona que nos rodea.

lunes, julio 13, 2026

Celebrar el día que se ha nacido

Video: Celebrar el día que se ha nacido

Celebrar el día que se ha nacido ¿Acaso es el más importante? Poco mérito tiene nacer, lo tiene para la madre que aguantó los 9 meses contigo dentro. Ese animalillo expulsado a la vida debería celebrar el día que conoció a su mejor amigo, o cuando ganó su primer sueldo e incluso aquel día que fue feliz inesperadamente. Pero no, las tradiciones nos obligan a celebrar el empujón que nos dieron al subir a esta atracción de feria de la que no se puede salir hasta que el cochecito se para. A menos que te sueltes el cinturón y en un giro te estampes contra el suelo. Sometidos a la esclavitud de las costumbres... Zorionak! No por nacer que no tiene mérito, sino por querer seguir viviendo!

martes, julio 07, 2026

Me han dicho que no coma frutas ni verduras

Video: Me han dicho que no coma frutas ni verduras

“Me han dicho que no coma frutas ni verduras”. Me cuenta una amiga que es la nueva dieta que está llevando la más delgada de su grupo. Carnes, hidratos, grasas y azúcares ya habían pasado por la guillotina de las dietas mientras que las manzanas y tomates aplaudían salvadas al otro lado de la pasarela. Hasta hoy. Cuando ya no se podía quitar más, ha llegado la solución definitiva, dejar de comer. Porque todo alimento que entra por la boca es sospechoso de hacer en nuestro cuerpo algo que no queremos. Cada plato que nos ponen en la mesa es un campo de minas que conspira para agarrarse al michelín, inflamar y disparar los asteriscos de los análisis. La comida ya no sirve para vivir sino para sufrir. Es cierto, desterrémosla, dejemos de comer y de pasarlo mal. Se acabo cocinar, las neveras y las vitrocerámicas. Hay que dejar de comer porque comer enferma y mata. (No comer también). Vale ya, ¿no? Vivimos en una sociedad oral en la que la salud entra por la boca, controlar todo lo que pasa por ella se ha normalizado hasta sospechar de las más inocentes, las que tenían cara de peluche y acogíamos en nuestros tenedores sin miedo, las frutas y verduras. A la obligación de ser guapo ahora se suma la de estar perfectamente sano, y si no lo estás es culpa tuya, por supuesto, porque tenemos el control total de nuestro cuerpo ¿no?. ¡Qué bien! Ya tenemos una nueva herramienta de discriminación: “Fulana no va al gimnasio y bebe alcohol”. Se está cruzando la línea de promover una vida saludable a la salud como objetivo de vida. El placer ya no es satisfacer lo que te gusta sino conseguir reprimirlo en aras de la supuesta salubridad. Miedo me da pensar en el impacto psicólogico de semejante perversión. Que la salud mental importa, pero oye, no se ve en las fotos. No hay que olvidar que el estilo de vida es solo uno de los pilares de la salud, otros muchos son la genética, factores sociales y económicos o el sistema sanitario. La ficción del control total sobre nuestra salud es una gran mentira, si fuera así la gente “saludable” jamás enfermaría ni moriría. Cuando la desinformación ha llegado al extremo de enviar a Guantánamo a un plátano y una lechuga, conviene desaprender el ruido social que nos atonta. Porque hay que cuidarse para tener una buena calidad de vida, y disfrutar para que merezca la pena vivirla. ¿Sabéis qué más le dijeron a mi amiga? “Vas al gimnasio, pero no se te nota”.

domingo, julio 05, 2026

No saques la mierda del pasado

Video: No saques la mierda del pasado

“No saques la mierda del pasado”. A ninguno nos gusta sentir que alguien ha guardado durante mucho tiempo un malestar que le hemos provocado y del que no teníamos noticia hasta ahora. En ese momento habla un rencor larvado que nos enfrenta a descubrir una nueva cara de la persona que creíamos conocer. ¡Le han clonado los ladrones de ultracuerpos! ¿Y por qué no me lo dijiste antes?. Las razones por las que callamos lo que nos gustaría decir son infinitas pero todas tienen en común una falta de confianza y un miedo a enturbiar el vínculo. El silencio lubrica las relaciones y la impostura nos permite vivir en sociedad. Entonces ¿por qué ahora? Cabe preguntarse si toda crítica retrospectiva viene envuelta en un rencor que ha reventado. Hay una fina línea que separa la voluntad de señalar con el dedo exorcizando el veneno acumulado de la de querer hacerse entender. La diferencia está en un simple concepto: quererse bien o no. Quien quiere bien, busca poner las cartas sobre la mesa, hacerse entender, ir más allá del último capítulo que no explica toda la historia, para mostrarse e integrar los sentimientos más incómodos en la complejidad que supone toda relación de intimidad. Para poder hacerlo, hay que tener al otro lado de la mesa a alguien que quiere lo mismo que tú. Seguir construyendo y disfrutando la relación. Se trata de conversar para ver el dibujo completo. Rozar para encajar piezas y aceptar las más feas como parte de un puzle final que no se rompe. Un juego de toma y daca, ¡aquí no se libra nadie!, en el que ambas partes salen ganando, aunque terminen con un par de moratones en lo que daban por sentado. Cuando no hay emparejamiento de voluntades, la comunicación nace muerta, condenada al aborto de hablar solo de lo ajeno y lo cómodo. Y se cava una nueva tumba en el cementerio de las conversaciones que te hubiera gustado tener. La mierda puede ser la suciedad que lanzas a la cara o el abono con el que quieres fertilizar la tierra de una relación fértil. El número de cervezas que sois capaces de tomar juntos sin mirar el reloj marcará la diferencia.

Agua pasada movió molino

El último párrafo no cuenta toda la historia.

sábado, junio 06, 2026

¿Saludar o no saludar?

Video: ¿Saludar o no saludar?

¿Saludar o no saludar? Un acto aparentemente sencillo que puede convertirse en todo un dilema moral y una declaración de intenciones por su presencia o ausencia. Tanto es así que puede terminar saludándote la desconocida de los lunes que pide en la calle y jamás haberte levantado la mirada el vecino de al lado desde que te mudaste veinte años atrás. Casos reales. Y es que el saludo tiene lenguaje propio como los abanicos. Desde la simple muestra de reconocimiento del otro, un sé quién eres y tú quién soy yo, que se solventa con un simple gesto mudo como un levantamiento de cejas o ligero movimiento de cabeza. Pasando por mostrar una respuesta positiva al encuentro con una sonrisa, un levantamiento de mano o un rápido “Epa”. Hasta llegar al saludo que deriva en afortunado encuentro, que sustituye el “hasta luego” por un “hola” y obliga a parar a las partes para intercambiar una breve puesta al día. Expuesta la norma llegan las excepciones. Una ley no escrita nos impulsa a saludar a cualquier desconocido que nos cruzamos en un ambiente de relativa intimidad como las escaleras de casa, el edificio de tu trabajo o las salitas de espera de tamaño reducido. Sí señor, saludamos a desconocidos. Nos reconocemos la mutua existencia en un espacio compartido. Y no saludamos a quienes conocemos bien pero queremos mostrar nuestro mayor desdén. Y viceversa. Seguro que nos sobran razones para petrificar el rostro. Luego llegan las zonas grises… personas que reconoces pero con las que no tienes ningún vínculo real presente. Amigos de amigos de amigos, excompañeros de trabajo del pleistoceno que se sentaban dos mesas atrás, antiguos compañeros de clase con los que jamás hablaste pero reconoces, desconocidos que cogen tu mismo autobús y a los que ves encanecer y cómo crecen sus hijos, parroquianos de tu cafetería, dependientes con los que has interactuado decenas de veces… ¿saludar o no? Podemos generar un incómodo hábito para el otro o pecar de maleducados. Pasados los primeros tanteos, el equilibrio se alcanza en el menor denominador común. A los teatreros del falso despiste se les invita a unas clases urgentes de improvisación para lubricar  la convivencia. Nuestros saludos hablan de nosotros, son una primera ventana a nuestro  interior. Miopías aparte, qué menos que devolver un saludo cuando te saludan. No hacerlo pavimenta un largo camino de innecesaria incomodidad. ¡Hasta luego!

miércoles, junio 03, 2026

He tocado fondo

Video: He tocado fondo

“He tocado fondo”. Nadie desea para sí mismo ni para los demás caer en una espiral emocional descendente que te desmonta como persona. Hundirse no mola, que se lo digan al Titanic, sobre todo si se traduce en un bloqueo personal donde nada tiene sentido y ha desaparecido todo interés y deseo. Pero también es una oportunidad. Descender hasta el punto en el que nada te importa y el nihilismo más extremo duerme contigo, contiene un extraño regalo: el poder de relativizar. Cuando te ha dejado de importar lo que piensan los demás, salir hecho un cuadro a la calle y el silencio al apagar la luz, te vuelves poderoso sin saberlo. Acabas de comprar un billete hacia una vida más libre. Has roto con todo aquello que tanto te importaba hasta llegar al punto de que puedes vivir sin ello. “¡Eh, no te olvides que aquí abajo me siento fatal!”. Y te seguirás sintiendo mal hasta el día que te canses de sentirte mal. Porque somos así, de todo nos acabamos cansando, también de lo malo. El quid de la cuestión está en identificar qué sí te importa. Lo que sea, desde comerte una pizza, bañarte en el mar o la compañía de otro cuerpo junto al tuyo en el sofá. La caída ha ejercido de filtro, ha simplificado y evidenciado qué sí y qué no. Y a partir de ahí te guías por lo que te mueve e ignoras lo que ya no te sirve. Te has deconstruido a tu pesar, para construir otra manera de estar que te aporte un mayor bienestar. Se reduce el miedo a perder porque ya has perdido mucho y redescubres el valor de todo lo que te hace sentir bien. No sale gratis, claro, se paga el precio del desencanto y la pérdida de inocencia. No vuelves a ser quien eras. Cambia tu escala de valores, como el tablero de salidas de un aeropuerto, evolucionas, maduras que también lo llaman así, para despegar a los siguientes destinos que te esperan. 

sábado, mayo 30, 2026

Si todos nos creemos buenas personas...

Video: Si todos nos creemos buenas personas...

Si todos nos creemos buenas personas ¿por qué sentimos que hay malas personas? La perspectiva íntima se enfrenta a la visión externa. Cuando se trata de nosotros mismos conocemos todas las razones y sentimientos que justifican nuestras acciones calificándolas de buenas, e incluso cuando no sentimos que lo son, las justificamos como necesarias e inevitables y en ningún caso nos autoproclamamos malas personas. Solo de postureo, qué malote soy. Esas mismas acciones o pasividades vistas desde fuera cuentan con mucha menos información del actor y mucha más del receptor. El mismo hecho se juzga desde una perspectiva distinta. Ahí ya tenemos la primera razón por la que algo puede ser bueno y malo al mismo tiempo, el punto de vista subjetivo. Si solo hay un plátano para dos personas que tienen hambre, desde fuera lo bueno sería repartirlo en dos como Salomón, pero cada una de esas personas está pensando en sus hijos que esperan hambrientos en casa y piensan que lo mejor es llevárselo entero y compartirlo con los suyos. Nacionalismo familiar podríamos llamarlo. Aquí está una segunda razón, la limitación de recursos materiales o de tiempo, obliga a repartirlos y la perspectiva subjetiva prefiere que sean para uno mismo que para los demás, no por egoísmo, sino porque considera que los necesita para tener una vida digna. Curiosamente hay quien no encuentra límite en la necesidad de acumulación de recursos para uso personal. A mayor cantidad de recursos para compartir y menor necesidad de ellos, mayor bondad encontraremos puesto que la pelea será menor y la voluntad de compartir mayor. “Cariño, me marcho porque ya no te quiero”. Quien abandona a la persona que sigue enamorada es el malo y la abandonada la buena. Llegamos al tercer vértice de la brújula moral, las emociones. Hacer siempre lo que al resto les viene bien supondría transformarse en un siervo de la voluntad ajena donde se anularían los propios deseos y necesidades. Ser un mártir no es ser buena persona ni poner límites te convierte en mala. Todo es relativo. ¡Eh! Hay actos objetivamente malvados. Patologías aparte, las emociones descontroladas, inseguridades personales, necesidades insatisfechas y supremacismos solo consiguen acallar su ruido haciendo daño, necesario para ellos, a otros. Son incapaces de otra cosa. No saben cómo hacerlo distinto. No ven las alternativas no lesivas que otros sí. Quizás aún somos una sociedad joven que debe madurar hacia un mayor consenso sobre lo que es ser buena persona.

miércoles, mayo 27, 2026

¿Todo tiene un final?

Video: ¿Todo tiene un final?

¿Todo tiene un final? Si echamos un vistazo desde la perspectiva de una vida humana parece claro que los seres vivos mueren, pero las pirámides de Egipto permanecen. Más de 4000 años tienen las tías. Vivimos creyendo que más allá de nuestra propia existencia creamos un legado como sociedad: una cultura que permanece, ahí está la democracia griega que aún utilizamos a trancas y barrancas; unas recetas, desde aquel primer genio al que se le ocurrió hacer pan hasta quien pensó que era buena idea hacerle un agujero a un donut; grandes obras de ingeniería y de arte, ahí siguen los bisontes cavernarios ilustrando paredes lejos de la luz del sol; y cómo no, legados familiares que pasan de generación en generación a través de los lazos de sangre. Son muchas las estrategias que hemos creado para alcanzar la trascendencia y dejar una huella más allá de nuestro propio tiempo. Marcharnos sabiendo que ella se queda nos transmite una sensación de haber cumplido una misión. El tiempo nos ha demostrado que los imperios caen, los sistemas geopolíticos y sus fronteras también, por no hablar de todo lo que destruyen las bombas, la globalización o la propia naturaleza. Que se lo pregunten a los dinosaurios. Paradójicamente, nuestro afán de permanencia crece en paralelo a nuestra capacidad de destrucción y se nos ocurrió crear bombas tan potentes que acabarían con todo rastro humano sobre la faz de la tierra en un ratillo. Y luego está el cosmos. Quizás nunca sepamos si siempre ha estado ahí o hubo un tiempo que no fue, para luego ser. Eso sí, a escala astronómica la velocidad es otra, los planetas van a su ritmo, sin prisa, pero hasta los soles se apagan si les das tiempo. Retomando la cuestión inicial, cabe pensar que todo aquello que no estuvo un día, volverá a no estar otro. La existencia es un florecimiento fugaz. No hay un único fin del mundo, el mundo se muere una y mil veces cada vez que una vida se apaga. Ey! Hoy toca brillar.

sábado, mayo 23, 2026

Si viviéramos mil años

Video: Si viviéramos mil años

Si viviéramos mil años… no sentiríamos que la vida dura un instante y tendríamos tiempo para hacer todo lo que quisiéramos antes de que cayera toda la arena del reloj. Suponiendo una misma estructura vital diez veces más larga, supondría multiplicar por diez todas y cada una de las experiencias por las que pasamos. Tendríamos 130 años de infancia, una adolescencia de 60 años, una juventud peterpanesca de 150 o incluso 200 años y viajaríamos diez veces más. Pero también tendríamos que cotizar 350 años para cobrar la pensión completa, transitar por una vejez de 300 años y limpiar diez veces más la taza del wáter. Con nuestra manera de sentir actual, necesitada de estímulos constantes, el aburrimiento sería nuestra compañía durante siglos, porque tener más tiempo no significa tener necesariamente más oportunidades o dinero para hacer lo que ahora no podemos. Alargar nuestra existencia supondría un gran cambio radical… la necesidad de aplicar un control extremo de natalidad. Si tuviéramos hijos cada 35 años sin fallecimientos, la población mundial se dispararía como burbuja de baño en agua caliente. Menos hijos supondría tener menos jóvenes en una sociedad envejecida dirigida por los mismos durante cientos de años. Con la edad tendemos a ser más conservadores, aferrándonos a lo conocido asociándolo a lo correcto. Son las nuevas generaciones quienes cuestionan lo establecido y más cambios promueven. Los procesos de cambio serían diez veces más lentos frenados por quienes aún defenderían el papiro en lugar de papel. El poder estaría en manos de las mismas personas durante mucho más tiempo, consolidando dictaduras de facto alrededor de lo que siempre ha sido y debe ser. Sería una sociedad más lenta y pesada, quizás más calmada, que sentiría la necesidad de buscar un propósito personal durante una larga existencia. Cambiaría nuestra percepción del tiempo y se redimensionaría nuestra pulsión a intentar aprovecharlo. No nos reconoceríamos. Seríamos otros. ¿Mejores? ¿Con una mayor sensación de sentido vital? Es como preguntarse si es más feliz una tortuga gigante que vive más de cien años o un perro que vive quince. Seríamos otros. No seríamos quienes somos ahora.

miércoles, mayo 20, 2026

¿Dónde se ha ido el sentido común?

Video: ¿Dónde se ha ido el sentido común?

¿Dónde se ha ido el sentido común? Miramos alrededor y no damos crédito a las cosas que pasan. La sensatez ha hecho las maletas en busca de extraterrestres más afables que nosotros. ¡El mundo se ha vuelto loco! El sentido común es el faro en la oscuridad, el azúcar de un café amargo, la pila nueva para un mando agotado… y sin embargo lo castigamos a estar sentado en una esquina del cuadrilátero. Y es que en el ring debe enfrentarse a un gran rival: las emociones. Caóticas, imprevisibles e incluso autodestructivas. No es tarea fácil someter a la montaña rusa irracional que sacude nuestros cuerpos. Que le digan al enamorado de la persona que no le conviene que deje de quererla, o al diabético hambriento que no meta el dedo en la tarta. ¡Eh! ¡La razón es el adulto que debe controlar a la emoción! Si la evolución no ha erradicado nuestras emociones es porque son necesarias para nuestra supervivencia. Ahí están esa insatisfacción permanente que nos empuja a una búsqueda interminable, ese anhelo de amor que nos hace tocar al otro, ese miedo que nos protege o esa inconsciencia que nos permite explorar más allá de nuestra zona de confort. Dejemos entonces que las emociones nos guíen, ellas saben lo que nosotros no. Hombre, tú corre cuando veas un oso y verás cómo te da caza, quédate quieto y te ignorará. El sentido común es esa suma de conocimientos ancestrales y personales que te ayuda a limitar los malos resultados. Merece la pena dejarle hablar también. Porque el sentido común tiene tanto sentido común que no ignora la necesidad de escuchar y satisfacer las necesidades e impulsos, las integra dentro de su razón de ser. Sabe cuándo dejarte llevar y cuándo advertirte de que lo pienses dos veces. El auténtico enemigo de la sensatez es la mirada estrecha, miope, cortoplacista y egocéntica, que solo ve lógica su propia satisfacción caiga quien caiga, olvidando que formamos parte de un sistema orgánico y que pensar en los demás es pensar en ti.

sábado, mayo 16, 2026

Qué mayor le he visto

Video: Qué mayor le he visto

¡Qué mayor le he visto! Reconócelo, todos tenemos esa clase de pensamientos. Está más gordo, más flaca, ya no es lo que era. Aquello que vemos es la primera información que llega a nuestro cerebro para interpretar lo que tenemos delante. Estamos diseñados para registrar cualquier cambio en nuestro entorno y así reaccionar a cualquier tipo de alerta. Esa habilidad tan útil para esquivar un patinete descontrolado y parar en un semáforo en rojo, también analiza y valora el aspecto exterior de lo que nos rodea… casas, coches y personas. La vista nos condena a prejuzgar en base al aspecto de lo que vemos. ¡Los ojos son nuestros enemigos! Si no pudiéramos ver, no prejuzgaríamos. ¿Seguro? En un mundo de invidentes sería la voz quien determinaría la belleza del otro, cuántos enamoramientos ha habido de voces de radio. La discriminación estaría dirigida hacia las voces más ásperas e incómodas de escuchar. Y si no tuviéramos oídos, sería el olfato quien definiría el atractivo. Mejor no sigo o terminaríamos  siendo amebas. Los sentidos son los periféricos que nos traen toda la información, y cuanta más, mejor. Interpretar los datos es cosa nuestra. La belleza y la juventud siempre van a generar atracción porque es su razón de ser biológica, atraer para perpetuar la especie durante la etapa reproductiva. Percibir su desaparición progresiva es inevitable, pero juzgarla como un defecto es reducirnos solo a lo que el ojo puede ver. Sería como preferir la fachada de cartón de un precioso restaurante en los Studios Pinewood en lugar del bar de menú del día de tu barrio. Ya me dirás dónde consigues llenar mejor el estómago. ¡Es imposible abstraerse de lo que ven nuestros ojos! Ni falta que hace, basta con dimensionar el valor de esa información. Escuché ayer a una mujer decir: “A Rihanna le falla algo, creo que tiene la cabeza muy grande”. Estar en la cima del modelo a seguir promovido por el mercado no te libra del juicio ajeno. Ninguno escapamos. Precisamente por eso, cada vez que sentimos juzgadas injustamente nuestras propias decisiones, emociones o aspecto, deberíamos apuntalar nuestro respeto hacia las de los demás.

miércoles, mayo 13, 2026

Si me tocara la lotería

Video: Si me tocara la lotería

Si me tocara la lotería… me compraría un coche, una casa e invitaría a todos mis amigos a una buena cena. Con el resto del premio buscaría la manera de dejar de trabajar, compraría dos  buenos pisos en el centro y los alquilaría por una buena pasta. Con ese dinero viviría de las rentas y sin perder la inversión en ladrillo. ¿Burbuja inmobiliaria? Y todo eso lo está pensando un tipo de más de treinta años que sigue viviendo con sus padres porque el sueldo que cobra no le permite independizarse. Y son esos precios elevados que está deseando embolsarse los que hoy otros le quieren cobrar a él y por eso sigue durmiendo rodeado de pósters de los años 90. Estamos ante un claro caso de disforia de clase. Personas que adoptan pensamientos y comportamientos de una clase social a la que no pertenecen, boicoteándose a sí mismos trasmitiendo unos valores que son los que le condenan a la realidad en la que está atrapado. Decide y vive en base a una aspiración no cumplida, el sueño del lugar en el que no está determina las decisiones que toma donde sí está. El gran triunfo del sistema es transmitir la idea de que todo es posible, cualquiera puede ser millonario, y por tanto debe actuar como tal desde que toma decisiones por sí mismo. La gran trampa está en que solo una mínima parte sube al piso de arriba aupado y aplaudido por los que siguen abajo. Si miras hacia arriba mientras caminas lo más normal es que termines estampándote contra una columna. Si no compras ropa que no es de tu talla, ni el sabor de helado que no te gusta, ni llamas a medianoche al amigo que peor te cae, cuesta comprender que apuestes por lo que te perjudica pensando que tal vez un día te beneficiará. Cuando una rata se ahoga no quiere collares de diamantes sino un salvavidas. Lo contrario es vender el sentido común para comprar un billete de lotería.

sábado, mayo 09, 2026

¡Desconecta!

Video: ¡Desconecta!

¡Desconecta! Claro que sí, tienes el control total de tu mente para decidir qué quieres pensar y sentir en cada momento. Los pensamientos y las emociones vienen con un interruptor de dos posiciones: encendido y apagado. Si no desconectas es culpa tuya por no querer cortar la corriente. Pobre infeliz. El cerebro no es un sistema eléctrico bifásico ni un ordenador en el que eliges qué programa abrir en cada momento cerrando por completo el resto. Consiguen desconectar con facilidad aquellos que viven solo para lo inmediato, como Super Mario que bastante tiene con saltar el obstáculo que acaba de encontrarse, el presentismo absoluto es una desconexión automática de lo que iba antes y lo que vendrá después. También están los que cuentan con una personalidad despreocupada hacia todo aquello que no es de su auténtico interés. Olvida al instante lo que no le importa, y cuantas menos cosas le importan, o siente que no son su responsabilidad, más fácil borrarlas de su mente como José el Francés y la Niña Pastori. Despreocupación que a menudo termina en hombros ajenos. Luego está el resto de la población mundial, personas que para sobrevivir deben resolver los infinitos problemas que plantea la compleja vida humana que el sistema ha establecido. Cada olvido, error o falta de anticipación puede estar sembrando la semilla de un problema aún mayor. Recordar y olvidar a capricho es un reto que aún se vuelvemás difícil cuando se trata de emociones. Un enfado no desaparece cruzando una puerta ni una preocupación se borra con una cerveza, con cinco igual sí. Buscar herramientas y estrategias para parcelar las responsabilidades y emociones es un trabajo personal de largo recorrido con éxito intermitente. Una cosa es ayudarse a desconectar y otra culparse por no
conseguirlo. Dormir es un gran reinicio.

¿Qué tal?

Video: ¿Qué tal?

- ¿Qué tal?
- Bien ¿o quieres saber la verdad?

¿Qué tal? es una de las fórmulas más tramposas de la conversación superficial. Se trata de una pregunta de cortesía con la que solo se pretende saludar sustituyendo a los habituales: ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! ¡Buenos días! o ¡Vaya día ha salido hoy! que son mucho más eficaces en su función de saludo intrascendente, cuyo valor está más en el acto y el tono, que el contenido. Sin embargo hay quien no se conforma con anunciar su presencia con unas palabras neutras sino que quiere ir más allá, quiere demostrar interés por la persona que tiene delante. Y en ese momento la empatía social se materializa en un “¿qué tal?”. Y plantea al interpelado la gran duda… ¿quiere saberlo o no? Por defecto hay que interpretarlo de manera vacua. Se esperan como respuesta fórmulas precocinadas como “muy bien”, “no me puedo quejar”, “ahí andamos” o “como siempre”. Permiten al osado saludador concluir el rito con un “ya me alegro”. Y ahí acaba todo, como el intercambio de cua-cuas entre dos patos. Pero ¿y si realmente quieren saber la verdad de tu estado emocional? Puede tratarse de una ocasión para conectar con el otro haciéndole partícipe de tu realidad y permitiéndole interesarse por ella. Una respuesta automática podría cerrar en los morros la puerta a una comunicación más honesta y sincera. Cualquier respuesta de la que se infiera que no te sientes iluminado por la felicidad más absoluta obligará al otro a reaccionar, es ahí donde descubres si se ha incomodado y busca pastos más cómodos, o aprovecha para interesarse por ti. Habrá desasosiego o conexión. Cuánto dice de nosotros un simple “¿qué tal?”. 

sábado, mayo 02, 2026

¿Qué camiseta vas a ponerte hoy?

Video: ¿Qué camiseta vas a ponerte hoy?

¿Qué camiseta vas a ponerte hoy? Me preguntan cada vez más. Dos personas, suficientes para justificar que se ha duplicado la estadística. A la hora de elegir hay dos amigos que nos hablan al oído: la reflexión y el impulso. La decisión elaborada suele responder a alcanzar algún objetivo práctico o estético, ajustarte al tipo de situación que va a tener lugar o componer una imagen con la que te quieres mostrar. Dejan en segundo lugar lo que apetece por debajo de lo que conviene. Sin embargo, la espontaneidad se deja guiar por la opción más sencilla, la camiseta que aún cuelga del perchero esperando una última puesta… o aquellas que están apiladas en las zonas superiores, señal de que son las que más nos ponemos y rotan. Todas ellas tienen algo en común: nos hacen sentir bien. Cuando te las enfundas te sientes cómodo, te ves bien y no te hacen dudar, como un buen amigo que te deja ser como eres sin tener que  contenerte. Son zonas de confianza con mangas, o sin ellas, cuidao. Atención a la lección textil… podemos elegir lo que nos hace sentir bien. Sin embargo, cada día el ser humano es capaz de caminar con decisión a donde no quiere ir. Porque debe hacerlo, porque le conviene, porque en caso contrario las consecuencias serían negativas. Navegamos subidos en el mismo barco cuyo rumbo parece definido por otros y solo nos queda cumplir nuestro papel, fregar la cubierta o servir canapés en el Salón Nautilus. Nuestra voluntad está encadenada. Cuidado ahí. Allá donde la obligación no sea ineludible siempre cabe la posibilidad de plantearte qué te apetece. Escuchar la voz que te reclama bienestar orienta tus pasos hacia una mayor  honestidad contigo mismo y con los demás. Lástima que no tengo una camiseta donde esté escrito bien grande: “¿Me apetece?” para tenerlo más presente. Si has llegado hasta aquí… estas son mis camisetas.

miércoles, abril 29, 2026

Todos somos iguales

Video: Todos somos iguales

Todos somos iguales. Eso es… mentira. Un beso, polígrafo. Es una sentencia aspiracional que si se toma al pie de la letra está completamente equivocada. Arrancamos con las diferencias que ya cuentan con bandera social propia como son sexo, raza, credo, identidad y orientación sexual. Si fueran las únicas, dos hombres caucásicos heterosexuales, tomados como paradigma de la normalidad, serían iguales. Y no es así. Uno puede ser alto y el otro cojo. El primero tener una belleza canónica y el otro tener una nariz muy grande. Uno casado con dos hijos y el otro soltero y yermo. Tal vez uno tenga una gran red familiar y el otro haya dejado a la familia en su ciudad de origen. Uno estudió una carrera mientras que el otro siguió el negocio de su abuelo. Y podríamos seguir definiendo más y más diferencias sociales, culturales y personales. ¡Eh, pero al menos son iguales por dentro! Va a resultar que eso tampoco. Uno puede tener diabetes y el otro ser celíaco, uno ser capaz de manejarse con los trámites online y el otro estar totalmente vendido. Todos y cada uno de nosotros somos diferentes a los demás. Entes únicos definidos por una multitud de parámetros que nos diferencian, incluso entre gemelos univitelinos. Identificar las diferencias, reconocerlas y darles el mejor acomodo es imprescindible para gestionar cualquier organismo complejo, se trate de un Estado, una familia o un equipo de trabajo. Reconocer lo que nos diferencia permite establecer los mecanismos necesarios para equilibrar los desajustes y conseguir que la igualdad sea de derechos, obligaciones, bienestar y oportunidades. Ahí es donde tenemos que ser iguales, y en todo lo demás, las diferencias nos hacen tan únicos que recorrernos entre nosotros se convierte en el viaje más apasionante e inagotable.

sábado, abril 25, 2026

Mira quién ha venido

Video: Mira quién ha venido

- ¡Mira, quién ha venido! ¡Qué alegría! Tenemos que montar una buena ya que está.
- Yo estoy siempre aquí y nunca propones nada.
- Ya, bueno, pero es que para una vez que viene él… y habrá que comprarle algo, mira qué detalle más chulo nos ha traído.
- La última vez que me regalaste algo fue cuando te dieron unas entradas que no querías.
- A ver, entre nosotros hay confianza, ya sabemos lo que hay…
- (Silencio)

La comida de cada día que otro cocina, el coche que siempre está listo para llevarte, la propuesta para disfrutar de un concierto, los mensajes contestados sin falta, las respuestas a esas dudas informáticas y esa felicitación escrita a mano que llega cada año como un reloj. Son como el alcantarillado. Solo te acuerdas de ellos si un día dejan de estar. Porque los das por supuestos. Siempre están ahí, por debajo del suelo, haciendo su labor para que tu vida sea más confortable. Tu atención la capta el neón de la novedad y el gesto inédito que, como cometa de paso, parece brillar más que todas las estrellas que te acompañan cada noche. Toda estructura necesita cuidados y mantenimiento. Con el tiempo, los grifos gotean y salen manchas de humedad. La decadencia es el final de cualquier edificio, pero a diferencia de paredes y columnas, nosotros podemos movernos. Alejarnos de los inquilinos descuidados y buscar otros nuevos dejando al raso a quien sigue mirando al cometa que se aleja hasta Dios sabe cuándo.

miércoles, abril 22, 2026

Una pausa, por favor

Video: Una pausa, por favor

¡Una pausa, por favor! Pon la lavadora, apunta qué día acompañas a tu padre al hospital, recuerda que se te han acabado los klínex, contesta mensajes con interés y simpatía mientras te terminas el café, organiza mentalmente qué trabajo tienes que sacar adelante hoy mientras te duchas, más mensajes que contestar mientras cuelgas la toalla, apúntate qué día hay que aceptar la declaración de la renta, haz la cama viendo el polvo que ya toca quitar, suenan más notificaciones de mensajes, ¡ostras, hay que comprar un regalo para la semana que viene!, te fijas en que las zapatillas necesitan plantillas nuevas, anotas mentalmente apuntarlo físicamente cuando bajes las escaleras camino al tren que sale en cinco minutos. Obligaciones que forman la vajilla completa de platos que giran sobre palillos a punto de caer y romperse. Somos malabaristas que deben mantener la vida en movimiento perpetuo, y eso cuando todo va bien. Los vapores mentales de los asuntos por resolver ascienden hasta formar una nube que flota por encima de nuestras cabezas y se oscurece con cada mensaje del colegio y nueva obligación familiar. Necesitamos soplar esa nube y que vuelva a salir el sol ¡claro que sí! Para eso está el ocio, el tiempo libre... que hay que pensar, organizar, coordinar y comprar haciendo más gruesa la nube en lugar de mandarla a otras latitudes. ¿Dónde venden las pausas? ¡Amazon, ya no me sirves! Para dejar de pensar en algo, lo mejor es pensar en otra cosa. Focalizarse en algo que requiera tu atención eclipsa cualquier nube, sigue ahí, pero no la ves temporalmente. Meter historias en tu cabeza o realizar actividades que requieran manipular con destreza manos, cuerpo o mente abren un nuevo escritorio libre de asuntos pendientes. Y luego están ellas. Esas pausas que la vida te concede y en las que solo te exige que estés ahí. Un autobús que te lleva, una espera en salita, una actividad repetitiva, una conducción solitaria por carreteras conocidas… y dormir. La inacción mental como acción vital. Un bálsamo calmante para reparar las grietas del ruido.

sábado, abril 18, 2026

Todos los días parecen iguales

Video: Todos los días parecen iguales

Todos los días parecen iguales. Despertador, ducha, desayuno, trabajo y cuatro cosas más que se repiten de manera cíclica sin asomo de sorpresa. Una programación que convierte la vida en ese recorrido automático que hacemos sin saber cómo hemos llegado a destino. Días que se empastan unos con otros hasta parecer una única jornada eterna en la que es imposible distinguir cuándo pasó qué. Y es que la memoria funciona como una cámara de movimiento, solo registra las situaciones en las que algo altera la quietud. Los sucesos que rompen lo previsto despiertan nuestra atención como un mecanismo de alarma que recuerda que ante la novedad hay que estar alerta para saber cómo reaccionar. Las neuronas se despiertan, abren los ojos, y empiezan a registrar lo que está ocurriendo. Como un paraguas rojo en medio de un océano de grises. Lo inesperado rompe la rutina y genera suceso, la cámara comienza a grabar y empiezan a acumularse minutos de rodaje. Son las escenas que componen una vida. ¡Entonces, la rutina es el enemigo! ¡Cuidado! Sin repetición, una historia estaría construida por continuos flashes de novedad, sería una exposición estroboscópica que acabaría con cualquier capacidad de percepción consciente. La multiexposición, pa pa pa, reduciría la película a una molesta cinta centelleante. Suceso y rutina se necesitan porque no se puede escribir sin una hoja en blanco que haga de soporte. El índice de capítulos escritos será la línea temporal que construye cada historia. La tuya y la mía. Y es que sin narrativa no hay vida, solo existencia. 

miércoles, abril 15, 2026

Todo era mejor en mis tiempos

Video: Todo era mejor en mis tiempos

¡Todo era mejor en mis tiempos! La música, la forma de divertirse y de conocer gente… no tiene comparación con cómo es ahora. Porque los tiempos de cada uno de nosotros, por lo visto, terminan en un momento dado, quizás cuando se tienen hijos y una nueva generación se apropia de esos escurridizos tiempos, o simplemente cuando se llega al cénit biológico y a partir de ahí solo queda caer. Nacemos, abrimos los ojos y nos ponemos a explorar el mundo para intentar conocerlo y entender cómo es. Dibujamos mapas mentales de personas, lugares, costumbres y culturas. Ese panorama se va llenando de piezas con cada nueva experiencia hasta conseguir dibujar un plano lo suficientemente completo de cómo es el mundo. Nuestro mundo, el que nos ha tocado. Una visión en tres dimensiones que queremos que permanezca porque nos ha consumido un valioso tiempo construirla, y por si eso fuera poco, cada descubrimiento ha ido dejando una huella emocional imborrable, la de las primeras veces, la de la juventud que despierta a la vida. Pero esa realidad cambia. Cierran negocios, mueren artistas y la tecnología trastoca los hábitos. Se destruyen aquellos nuestros tiempos, los buenos de verdad, y solo queda la nostalgia. ¡Frena! Nuestros tiempos son los años que vienen definidos entre las dos fechas que enmarcan cualquier vida. Para sentir que todo tiempo en el que estás te pertenece, debes asumir que la realidad no es una foto fija sino una imagen en movimiento permanente. El mapa geopolítico que estudiaste fueron las fronteras de aquel año, hubo otras antes y habrá otras después. Aceptar la mutación y asumir que el ejercicio de conocer el mundo jamás termina, te engancha a un tiempo que sigue siendo tuyo. Atraviesas generaciones y se te abren nuevas puertas a medida que otras se cierran. ¡A mí déjame, yo ya he visto bastante! Apartar la mirada reduce las habitaciones que visitar hasta que solo quedan el sofá y la tele. El apego emocional hacia el pasado es compatible con seguir sintiendo, distinto, por un cambiante presente que nos seguirá perteneciendo hasta nuestro día más corto.

sábado, abril 11, 2026

Ponle un poco de fantasía

Video: Ponle un poco de fantasía

¡Ponle un poco de fantasía! Animamos a un amigo que recibía el alta hospitalaria a que organizara una salida en silla de ruedas con ramo de flores entre aplausos del personal. Le habían otorgado el reconocimiento de ser un caso de libro y es lo mínimo que se merecía. Al final, salió a pie, cargando una bolsa de plástico, lloviendo y solo. Pero las risas de la fantasía compartida suplantaron la realidad. ¡Estáis locos! Se puede fantasear sin dejar de pisar tierra, y de hecho, lo hacemos todos. Allá donde no hay una información veraz nuestra cabeza comienza a especular. La ficción rellena los huecos que la realidad deja sin completar. Visualizar una conversación incómoda antes de que suceda, imaginar una boda hasta el último detalle o adelantarse a cualquier resultado es fantasear. Y durante el tiempo que esa especulación está vigente es real para nosotros. Sentimos y decidimos en base a una ficción que no ha tenido lugar, sin querer, utilizamos el método estadístico de probabilidades dándole el poder de hechos consumados. Y no lo son. Pavimentamos con ficción el muro de la incompleta realidad. Un tejido donde los agujeros son cada vez mayores por la desinformación, pero que han existido desde que el hombre es hombre. Basta poner sobre la mesa que es imposible saber qué piensa y siente “el otro” aunque te lo diga. Las palabras son un constructo interesado, consciente o inconscientemente. Y ahí la fantasía elige la realidad que quiere creer. La subjetividad inclinará de manera engañosa nuestra ficción hacia el drama o la alegría en función del carácter de cada uno. Aprender a elegir la ficción que mejor te sienta te da el poder de ser el guionista de tu propia vida. Incluso cuando la película ha terminado y los hechos se imponen, cómo se cuenta lo ocurrido multiplica la realidad en un infinito abanico de versiones. El pasado es interpretable aunque ya haya ocurrido. ¡Menudos peliculeros! La expectativa, la esperanza y la imaginación construyen la realidad, y por tanto, la fantasía tiene el mismo poder que algo real.

miércoles, abril 08, 2026

¡Rompe las reglas!

Video: ¡Rompe las reglas!

“¡Rompe las reglas!”, grita gente joven, guapa y exitosa desde la pantalla. “¡Qué manía de animar a romper las reglas!”, rebufa una amiga viendo uno de tantos anuncios que comercializan mensajes significativos reduciéndolos a eslóganes. Las reglas simplifican la vida porque te indican el camino a seguir sin tener que plantearte cuál es el mejor. Sigues las reglas, haces lo correcto y nadie podrá reprocharte nada. Puedes estar orgulloso de haber hecho lo que había que hacer. Y allá donde leyes y normas no regulan, siempre podrás hacer lo que otros te digan que hagas. Un cumplidor irreprochable que jamás pisará cárcel ni terminará durmiendo en el sofá. Todo el mundo debería hacer lo que le dicen, es lo más lógico. A menos que las reglas te perjudiquen, claro. Los primeros en quejarse son los damnificados por la norma. “¡Revolución!” Cabe preguntarse si es suficiente que una regla moleste a alguien para cambiarla. “¡Quiero poder hablar en la biblioteca! ¡Y yo poder irme del trabajo antes de que acabe mi turno!” Se podría liar una buena. Existe una línea que separa la molestia del cumplimiento de las obligaciones comunes del contrato social, de aquellas normas que suponen una discriminación, injusticia, perjuicio o desequilibrio de unos en favor de otros. “¡Pero si las leyes dicen que así son las cosas, así deben ser! ¡Anarquistas!”. La que se está liando. Afortunadamente, las normas sí se cuestionan, se debaten y se cambian guiadas por el objetivo de mejorar el bien común. Y si las negociaciones no alcanzan un acuerdo, el perjudicado puede tomar la decisión de romper las reglas. Arriesgándose a asumir las consecuencias, por supuesto. Porque los valores de cada individuo a menudo no coinciden con los del sistema en el que vive. Ya sea su pareja, su casa, su cultura o su gobierno. Lo que sí debería romperse es la pasividad analítica ante cualquier norma o discurso. Este incluido. 


viernes, abril 03, 2026

Tenéis que hablarlo

Video: Tenéis que hablarlo

Tenéis que hablarlo. Porque sí, explicar lo que piensas y necesitas es la manera más directa de ser comprendido. Ante cualquier problema a dos bandas podríamos recomendar a ciegas… ¡tenéis que hablarlo! Hablando se entiende la gente. Maravillosa verdad incompleta. Porque para que dos personas se entiendan hablando deben darse una serie de alineaciones planetarias. Ambas partes deben tener capacidad de expresarse con claridad, a menudo se tiene claro lo que se siente pero no lo que se quiere decir. Ahí el mejor ponente juega con ventaja. E igualmente deben ser capaces de escuchar lo que el otro dice y entenderlo aunque no se comparta. El más empático analizará mejor la situación y el más obstuso no añadirá color alguno al cuadro que traía de casa. La posición de poder también determina el peso de cada intervención, quien tiene la sartén por el mango interviene con la tranquilidad de que en caso de desacuerdo su decisión será la que se imponga. La otra parte es el acusado en el juicio que debe demostrar el valor de su punto de vista y convencer al otro, asumiendo el riesgo de que le caiga una condena mayor si despierta suspicacias en el señor juez. Uno no tiene nada que perder y el otro sí. No podemos dejar fuera de la ecuación el nivel de honestidad y transparencia. Quien más se expone, más cartas boca arriba coloca en la mesa, está desplegando una alfombra roja hacia el encuentro más real, arriesgándose a que su verdad sea utilizada en su contra. Sin embargo, aquel que no deja caer su escudo de razones para mostrarse a pecho descubierto, estará en mejor posición para clavar la lanza del triunfo personal y no la del éxito a dos bandas. Por encima de todo está la voluntad de querer entenderse, sentarse con la actitud real de escuchar, ceder y encontrar soluciones creativas. Y hablemos claro, hay personas con las que no se puede hablar. Y la mejor conversación con quien no se puede hablar es decirle… adiós.

martes, marzo 31, 2026

Más corto, por favor

Video: Más corto, por favor

¡Más corto, por favor! Que el video sea más breve, el libro tenga menos hojas y la temporada menos capítulos. No tenemos paciencia ni capacidad de atención para mantenernos pegados a contenidos que pretenden robarnos un tiempo precioso y escaso. Vivimos una época paradójica en la que la producción creativa se ha disparado, por el abaratamiento de los medios, la democratización de la distribución y el mayor desarrollo de las inquietudes personales, y no así nuestra capacidad para disfrutar de semejante avalancha. Se publican unos 6000 libros al día en el mundo y se lanzan unas 100.000 canciones nuevas, pero el tiempo de que dispone el ser humano para su consumo no es mayor que antes. ¿Cómo puede el mercado vender más a unos clientes que no pueden absorber más producto? Reduciendo el tiempo para consumirlo, haciendo la galleta más pequeña para que el estómago coma lo mismo pero troceado. En el tiempo que antes escuchabas “We are the world” ahora puedes zamparte tres temazos de nuevo cuño, o cuatro. Allá donde antes leías “Los pilares de la tierra” ahora te metes entre pecho y espalda tres thrillers nórdicos. La maquinaria se garantiza así vender más por el mismo tiempo de consumo. ¡Todos contentos! ¿O no? El afán por no perdernos nada nos está llevando a visionados a velocidad acelerada, a tener dos pantallas funcionando a la vez, una con cada ojo, y a leer en diagonal los párrafos en los que se describen jardines y plazas cuando no hay un cadáver entre los sicomoros. Seguir esta tendencia nos llevaría a novelas de 50 páginas, temas de 30 segundos, microseries y ansiolíticos en una rueda de consumo donde el contenido no tendrá ocasión de dejar una huella mayor en nosotros que el ruido del instante. Curiosamente, en medio del mosaico de lo
breve triunfan los podcasts, osados contenidos extensos que se consumen como compañía de cocina, paseos y sueño. La capacidad de atender y dejarse acompañar está ahí, no se ha ido, porque nos gusta el calor de lo que permanece… tanto como la emoción de lo nuevo.

viernes, marzo 27, 2026

Ojalá no hubiera que dormir

Video: Ojalá no hubiera que dormir

¡Ojalá no hubiera que dormir!, nos lo dijo una profesora hace muchos años. Dedicamos un tercio de nuestra vida a dormir y consideraba intolerable esa pérdida de tiempo. Una pérdida mucho menor para los insomnes y/o fiesteros que seguro que ella aprobaría. Si no hiciera falta dormir tendríamos ocho horas libres a nuestra completa disposición para poder hacer lo que quisiéramos. Terminar toneladas de series pendientes, quedar con amigos, ir más al gimnasio o mirar el techo. Todo serían ventajas que reducirían nuestro estrés y mejorarían nuestra calidad de vida. Viviríamos más y mejor sin necesidad de tener que alargar la vida. ¿Seguro? Vaya por delante que la biología hace uso del sueño para muchas funciones, una de las principales, aprovechar que tenemos desconectadas nuestras actividades de vigilia para hacer trabajar más al sistema inmunológico en la reparación de nuestro cuerpo. Lo de tener un sueño reparador no es una frase hecha. Más allá del trabajo de los gremios celulares, para disponer de ocho horas extra de actividad tendríamos que alimentar al menos una vez más nuestro cuerpo y por tanto necesitaríamos comer más y más dinero para afrontarlo. No solo eso, ¿cómo llenaríamos esas horas libres? Leer y hacer running puede salir gratis, pero otras actividades de ocio requieren quemar tarjeta. Para gastar más hay que ganar más. Y siguiendo la ley de la oferta y la demanda, si el trabajador dispone de más horas de ojos abiertos, el mercado va a alargar su jornada laboral. Ahora en esas ocho horas de regalo hay que trabajar más para comprar más, comer más y tener más horas las luces encendidas y los coches circulando. Obligaciones extra para tener alguna “posible” hora de ocio adicional. ¿Qué ha pasado con el nirvana del insomne? Que el sistema ha adaptado sus fórmulas actuales a una jornada vital más larga dejándonos la misma sensación final que tenemos ahora mismo, robándonos además el placer del sueño. Las cosas pueden ser distintas y no por ello sentirlas como mejores. Y ahora… a la siesta.

martes, marzo 24, 2026

No veo nada en ese cuadro

Video: No veo nada en ese cuadro

“No veo nada en ese cuadro”. Sí ves algo: colores, formas, patrones y texturas, pero no hay ningún rostro que te esté mirando. Buscamos sin querer imágenes reconocibles en toda obra que se nos presente, esa mancha parece un caballo, y aquel trazo dibuja la silueta de una mujer. Resulta inevitable hacerlo, hoy mismo he visto una calavera gritando en las gotas de agua de la mampara de la ducha y una medusa mecánica entre las vías del tren, pero el arte abstracto es otra cosa. “Ese cuadro lo podría pintar un niño”. Puede que sí, ahora intenta pintar como un niño siendo adulto, a ver qué te sale. Se juzga como arte inferior aquel que no parece requerir una exquisita habilidad técnica porque no representa nada explícitamente, cualquiera puede derramar pintura sobre un lienzo a lo Pollock o trazar líneas de colores a lo Mondrian, ya, pero a ellos se les ocurrió primero. Minipunto para el artista. “Ese cuadro naranja y verde nos quedaría fenomenal con los muebles del dormitorio”. La ausencia de mensaje explícito ha conducido al abstracto hacia el mundo de la decoración donde sus patrones y colores combinan y no molestan. Papeles pintados enmarcados que quedan monísimos e incluso puedes encargar el pantone a tu medida. Cuidado, no confundamos términos. No todo lo que decora es arte, arte es aquello que nace de la mano de un artista. Y es ahí donde está la magia del abstracto. Pintando abstracto la conexión entre cerebro y mano es directa e instintiva, sin apenas filtros que controlen lo que estás haciendo, es casi una pintura automática en la que el cuerpo se expresa sin mediar más raciocinio que el que te ha llevado a ponerte delante del lienzo. Te dejas llevar y sale algo que ni sabes cómo será. Tu cuerpo habla. Y cuando miras el cuadro, lo escuchas. Te gustará o no, pero ese es otro tema. El arte abstracto es tan natural en nosotros como los garabatos que hacemos sin pensar en las esquinas de los cuadernos.

sábado, marzo 21, 2026

Encantado de conocerte

Video: Encantado de conocerte

¡Encantado de conocerte!
No te había visto nunca por aquí.
Acabo de venir por curro.
¿Y ya has pillado piso? porque la cosa por aquí está jodida…
Me estoy quedando en casa de un colega hasta que encuentre algo…
Si necesitas que te ayude, me dices.
Oye, que tengo que llevar cajas a la nueva casa ¿puedes echarme un cable?
Claro, domingo tarde ¿te cuadra?
Perfecto, vente y te invito luego a una pizza y unas birras…
Oye, te debo una cena… organizo una en la soci con los colegas el sábado ¿te hace?
Joer, gracias…
Tenemos que poner fecha a la ruta en bici que comentamos el sábado.
Cuando quieras… pero no tengo bici aquí.
Se la pido a mi hermano, no te preocupes…
¡Qué majo tu hermano, tío!
Le has caído tan bien que me ha dicho que invite a la barbacoa que va a hacer por su cumple.
Tu familia es la hostia, tienes que venirte a mi pueblo en verano y conocer a la mía.
Las vacaciones han sido la leche, tío… eres un colega de puta madre.
Y tú, tío… cuando me pasa algo a la primera persona que me apetece contárselo es a ti.
Si no llega a ser por tu curro ni nos conocemos…
Se me acaba ya y estoy moviendo currículums… igual en la capi sale algo.
Oye, guárdame sitio en tu nuevo sofá para cuando vaya, eh?
Joer, te echaba de menos, gracias por venir…
Dos meses llevas ya aquí, tío ¿qué tal con la peña?
Gente muy maja, la verdad…
Oye, ¿hacemos algo en Semana Santa?
Es que hemos montado una con los del curro que tocan en un grupo y van a hacer unos bolos.
La próxima, no te preocupes…
¡Feliz año! A ver si este encontramos unos días y nos vemos.
Claro que sí.
Felicidades, que estás hecho un chaval…
¡Feliz año!
Feliz.
(Silencio)

jueves, marzo 19, 2026

Simplificando

Ese tío es Amarillo

"Amarillo Rojo Verde Azul Negro Verde Rojo Amarillo"

¿Ves? Lo que te decía... Amarillo

miércoles, marzo 18, 2026

¡Libre!

Video: ¡Libre!

¡Libre! Abres los brazos en plena naturaleza un día de sol y te sientes libre. Coges aires y te cuentas que eso es la libertad. Te quedarías allí toda la vida. Hasta que estás cansado y vuelves a casa. Porque no puedes quedarte a vivir en plena naturaleza. No te lo permitiría el dueño del terreno, ya sea público o privado. Resulta que la libertad termina donde empieza la propiedad. Y todo es de alguien. Podrías plantearte comprar un terreno en mitad de la nada e instalarte allí, lejos de todo, libre. Si eres propietario ya tienes que pagar tasas, impuestos y suministros. Y cuando hay que empezar a pagar, hay que generar ingresos para afrontar esos gastos. Acabas de entrar en el sistema que te ha puesto un contador virtual en la frente: tu cuenta corriente. Una serie de números que suben y bajan sin apenas pasar por tu bolsillo. Son líneas de valor generado y valor consumido por vivir en sociedad. No eres materialmente libre y debes relacionarte con el exterior para realizar cualquier tipo de intercambio. Hasta el ermitaño más aislado baja al pueblo una vez al mes para comprar aspirinas. Todo contacto exterior implica exposición. Y exponerse supone tener que seguir unas normas de comportamiento. Se espera de ti que cumplas unas convenciones sociales que hagan factible la convivencia. ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! Bueno, si quisieras pasear desnudo por la ciudad, te lo impedirían. Cerramos la puerta entonces y nos quedamos en casa. Fuera de miradas ajenas. Lejos de juicios y convenciones. La intimidad te acerca a la libertad. ¿Y si hay alguien más entre esas cuatro paredes? Si estás delante de otro, dejas de ser libre. Convivir implica pactar. Y todo pacto supone una cesión de libertad. La soledad sin espectadores, reales o virtuales, acompañado solo de tus pensamientos es lo más cerca que vas a estar de ser libre. Porque la libertad no está fuera, está dentro. Y si la dejas puede ir contigo hasta el borde del mar con una cervecita en la mano.

sábado, marzo 14, 2026

Déjalo, no eres lo suficientemente bueno

Video: Déjalo, no eres lo suficientemente bueno

“¡Déjalo! no eres lo suficientemente bueno. ¿Pero no has visto todo lo que hace la gente? No se te da mal, está bonito y, oye, si te entretiene, sigue. Eso sí, no esperes ganarte la vida con eso.” Es difícil destacar. Si todo el que hace algo triunfara ¡no cabrían los premios en nuestras casas! ¿Dónde se ha visto eso? Para que unos ganen, otros tienen que perder. Nadie se acuerda de los que quedan segundos, ni siquiera de los nominados. Solo hay espacio bajo el foco para los mejores. Olvídate de recibir ingresos inesperados en cuenta, vestir de diseñador y protagonizar fotos en blanco y negro en suplementos dominicales… que solo tienes siete likes. Si no vas a llegar a nada, no merece la pena el esfuerzo, solo vas a perder el tiempo y te vas a frustrar. Anda, venga, vamos a ver qué echan en la tele. Solo merece la pena hacer algo si te permite triunfar. Porque el mundo se divide entre los que tienen éxito y el público que los admira aupándolos a lo más alto. Si no estás en un grupo, estás en el otro. ¡Quieto ahí! ¿Los hay mejores que tú? Sí, asúmelo. ¿Vas a vivir de lo que te gusta hacer? Es probable que no. ¿Solo merece la pena dedicar energía a lo que te reporta dinero y atención? Si esa es tu única motivación, vale. Pero si disfrutas, y sudas esforzándote, si te sorprende lo que eres capaz de hacer, si tu día ha merecido más la pena porque te has gustado haciéndolo, si conectas con los siete que valoran lo que significa para ti… ¿por qué dejar de hacerlo? Jugar en todos aquellos terrenos que te llaman la atención te hará conocerlos mejor, amarlos más y sentirte parte de ese mundo aunque solo tú lo sepas. Cuando haces lo que te gusta nunca pierdes. Ganas tú aunque nadie se entere.

La sombra es pá mí

Donde dijiste, allí fui Lo que pediste, comí En la terraza, lo siento, La sombra es pá mí